
Hay noches en el Centro Histórico que no figuran en ninguna cartelera y que, sin embargo, valen más que un reflector de teatro. La del pasado viernes 14 de agosto fue una de ellas. En un foro que combina pizza artesanal con arte independiente, sin boletaje fijo ni patrocinios de por medio, una guitarra de doce cuerdas y una voz curtida por el blues le recordaron a un puñado de asistentes que la música, cuando es honesta, sigue siendo el remedio más viejo que existe contra el desencanto.
Raquel Sirena Blues, voz y guitarra de la agrupación independiente Sirena Blues Band, ofreció un concierto acústico íntimo bajo el nombre «Tarde de Blues en Karnaval 23», en el foro multicultural y pizzería independiente Karnaval 23, sobre la calle de Ignacio Allende número 39, a unos pasos del corazón simbólico de la capital. https://www.instagram.com/karnaval_23_pizzeria/
Blues sin intermediarios
El formato del evento no fue casualidad. La velada se organizó bajo un esquema de «cooperación solidaria», una fórmula que prescinde de los circuitos comerciales tradicionales y que busca, en cambio, tender un puente directo entre el artista y su público. En una ciudad donde la oferta cultural suele concentrarse en foros de paga y agendas corporativas, esta propuesta se planteó como una alternativa de raíz, pensada para los habitantes y transeúntes de un Centro Histórico que camina —literalmente— entre cantinas centenarias, vecindades y ahora también pequeños templos del blues.
Una filosofía de sanación
Para Raquel Sirena, subirse a un escenario no es simplemente ejecutar canciones. Es, en sus propias palabras, ofrecer una «medicina para aliviar cualquier mal». Esa idea —el blues como terapia colectiva, como catarsis compartida— atraviesa toda su propuesta artística y explica, en buena medida, la manera en que construye sus presentaciones acústicas: despojadas de artificio, apoyadas casi exclusivamente en la crudeza emocional de las notas nostálgicas y melancólicas que arranca de su guitarra.
Esa noche, la propuesta encontró un interlocutor a la altura. Huitzilita Naranja, violinista y cantautora egresada de la Facultad de Música, se sumó al ensamble para tejer un diálogo instrumental que amplió los matices del set. Además de aportar las texturas de su violín, la artista aprovechó el espacio para presentar piezas de su propio repertorio solista, en un intercambio que enriqueció la velada sin diluir la identidad de ninguna de las dos propuestas.
El formato desnudo: doce cuerdas y una voz
Quienes conocen a la Sirena Blues Band en su vertiente eléctrica —con el bajista Perrock Castañeda y el baterista Marthin Bandin sosteniendo el groove— encontraron esa tarde una versión distinta, casi a contraluz, de Raquel Sirena. Sin banda completa, armada únicamente con su guitarra acústica de doce cuerdas y un micrófono, la vocalista quedó expuesta en lo que más define su talento: una voz que no necesita volumen para imponerse.
Ese despojamiento instrumental es también una declaración de principios. Es en el formato acústico donde Raquel Sirena ha terminado de consolidar el lugar que la crítica local le ha empezado a reconocer dentro de lo que ya se denomina el «Nuevo Blues Mexicano»: una generación de intérpretes que retoma un género históricamente asociado al sur de Estados Unidos y lo reescribe en clave propia, en español, con acento chilango y sin perder un ápice de su verdad emocional.
Blues vivo, blues de aquí
Lo que ocurrió en Karnaval 23 fue, en el fondo, un pequeño acto de resistencia cultural. Entre historias de melancolía, catarsis y una suerte de absolución humana cantada a capela de artificio, Raquel Sirena confirmó algo que sus seguidores ya sospechaban: el blues no es una reliquia de museo ni una música de nostalgia ajena. Es un lenguaje que sigue mutando, que encuentra nuevos cuerpos y nuevas calles para habitar, y que esa noche, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, volvió a sonar potente, femenino y absolutamente vivo.
Con casi 30 años de trayectoria en la música y 16 dedicados al blues, Raquel, integrante de Sirena Blues, habló sobre su proceso creativo, la historia de la banda y su más reciente material discográfico.
Historias que se vuelven canciones
Para Raquel, la composición no responde a una fórmula fija, sino a la observación y la experiencia cotidiana. «Las composiciones surgen de historias de la vida, de transitar de una ciudad a otra, de lo que se ve en la calle y de la propia vivencia», explicó. De ese ir y venir, dijo, «va saliendo la musa diaria».https://www.instagram.com/sirenablues_oficial/
Tres décadas sobre el escenario
La trayectoria de Raquel en la escena musical suma cerca de 30 años, de los cuales los últimos 16 los ha dedicado por completo al blues, género en el que ha aportado música original. Antes de este camino, formó parte de otras agrupaciones ligadas al jazz y al folklore, experiencia que —según relató— ha nutrido su forma de entender y hacer música.
Dos discos y una invitación a la escena independiente
Sirena Blues cuenta actualmente con dos álbumes disponibles tanto en formato físico como en plataformas digitales. El primero, Un mar de blues, marcó el inicio de su producción discográfica; el más reciente, El calor de la noche, incluye colaboraciones con otros proyectos musicales, entre ellos el de Beto Rosas, saxofonista que formó parte de La Castañeda, dentro del proyecto El Muro de Cráneos.
La banda puede encontrarse en redes sociales y plataformas de streaming bajo el nombre Sirena Blues o Sirena Blues Oficial, incluyendo Facebook, Instagram, TikTok y Spotify.
Un llamado al blues mexicano
Al cierre de la charla, Raquel hizo un llamado a apoyar la escena musical independiente y a explorar las propuestas de blues que se están gestando en México, a las que calificó como «muy buenas». Invitó al público a seguir a Sirena Blues en sus plataformas y a sumar su apoyo con un simple gesto: darle like a su contenido.


